Ejercicio de diálogo y propuestas para alcanzar la meta


Los encuentros, que se iniciaron en el mes de agosto, son organizados en conjunto por la Sociedad Alemana para la Cooperación Internacional, GIZ; Líderes Empresariales Contra el Cambio Climático, CLG-Chile, y el proyecto Precio al Carbono Chile, PMR-Chile del Banco Mundial.

La tercera versión del ciclo de tertulias Un Café por París abordó el tema “Trayectoría al 2030: ¿cómo correr esta maratón y ganar medalla de oro?”, en alusión a la meta de reducir, al 2030, sus emisiones de CO2 por unidad de PIB en un 30% con respecto al nivel alcanzado en 2007 -ampliable a un 45% en caso de existir financiamiento internacional-, meta que Chile se planteó en el marco de su adhesión al Acuerdo de París. La sesión estuvo marcada por un dinámico intercambio de opiniones entre los asistentes al encuentro que, como ya es habitual, se realiza fuera del horario de trabajo, en un ambiente distendido que busca propiciar el cruce de visiones diversas sin pretender llegar a acuerdos concluyentes.

Además de que el encuentro no busca alcanzar consensos, las personas que asisten lo hacen a título personal, es decir que no representan a las organizaciones en las trabajan o participan. Por esta razón y para favorecer la puesta en común de opiniones y miradas divergentes en torno a la materia en discusión, una condición clave de estos encuentros es que las declaraciones que en ellos se hacen sean anónimas. Se puede dar a conocer el contenido de éstas, pero no revelar quién la expresó. De esta manera se busca generar un espacio de debate informado y análisis profundo que aporte a formar opinión sobre cómo transitar hacia una economía baja en carbono.

La meta

“Soy optimista. En octubre pasado el sistema generó el 14% de la energía en base a generación solar y eólica. Toda esa generación se hizo con inversión privada, se atrajo el capital necesario para desarrollar esos proyectos. No hay más de 10 países en el mundo que hayan alcanzado esos niveles de integración en la matriz y Chile es uno de ellos”, destacó uno de los asistentes.

“Los cambios que se están dando son enormes. La electromovilidad y su impacto en el aumento de la demanda por cobre y litio son oportunidades para que este país cambie. Chile se va a convertir en una plaza de innovación importante que va a cambiar nuestra geografía económica. Estas ventanas de oportunidad me hacen pensar que Chile cumplirá su compromiso en reducción de emisiones”, plantea otra de las participantes.

Apuntando a uno de los elementos habilitantes en esta senda de rebaja de emisiones GEI, uno de los invitados resaltó la necesidad de abordar las tareas que implica mantener condiciones que sigan potenciando la integración de fuentes renovables a la matriz. “En 2020 y 2026 va a haber una renovación de aproximadamente 33 terawats/horas año con contratos de clientes libres. Esa es una tremenda oportunidad si se otorga certeza de cómo se van a traspasar los costos de operación para seguir desarrollando energías renovables. Se debe detectar cuáles son las palancas que tiene que abordar Chile para segur integrando ERNC a la matriz, de cara al 2030”.

Desafíos versus oportunidades

“El desprendimiento de un glaciar en el sur de Chile hace algunas semanas, demuestra que la adaptación debe ser un factor clave en la gestión energética nacional. Es urgente por la necesaria protección a las personas y por el resguardo de los sectores económicos vulnerables”, señala un asistente especialista en cambio climático.

“El enfoque debe ser global”, precisó un invitado. “No sólo mitigación y adaptación. Cuando veamos migraciones porque la gente viene escapando del calentamiento global, vamos a ver transformaciones en la estructura productiva, en el consumo, en los patrones de logística y en ese momento no va a haber crecimiento ni nada que salvar. Hay que desarrollar un abordaje integral y consistente, hay que ampliar la mirada hacia el cambio cultural que debe hacer la sociedad”.

“Pensando que la incorporación de tecnologías costo eficientes afectarán inevitablemente el empleo en algunos segmentos, debe haber una transformación en ese aspecto. También es necesario preguntarse qué va a pasar con una población cada vez más longeva y la consecuente disminución de la población económicamente activa. Hay que prever tener los mecanismos y el cambio de mentalidad para acoger inmigrantes que vengan a suplir esa carencia de fuerza laboral”, reforzó otra persona.

“El desafío es cómo validamos esos cambios con la comunidad. Al ver que este mundo tradicional empieza a cambiar sustancialmente y que genera impactos negativos en la vida de las personas, podría haber resistencia y podríamos tener un efecto Trump. Más de alguien podría decir: ¿Están afectando mi fuente de empleo por un 0,5% de emisiones que no es nada en el contexto global? ‘No estoy dispuesto’ podría ser la reacción de algunos”, advirtió un participante de la tertulia.

En la línea de la educación en torno al tema climático, otro invitado señaló: “Es central que la gente se eduque en este proceso. Es necesario que la población asocie los desastres naturales con el cambio climático y que esa sensibilización nos haga elegir gobernantes que estén dispuestos a empujar procesos normativos y económicos que nos permitan avanzar hacia un mundo con menores emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)”.

“Hay que educar y poner los incentivos correctos a nivel de empresas y personas. En Canadá se cobra por sacar la basura, entonces la gente gestiona sus residuos y los minimiza”, ejemplificó un participante.

Uno de los actores que se desenvuelve en el sector privado, apuntó al sentido de urgencia que hace falta en la clase política: “La gente lo tiene claro, pero no ve la urgencia de empezar hoy a hacer cambios en las conductas. Los políticos tampoco prestan oídos a los temas climáticos, porque responden a su electorado y éste no está hablando de temas climáticos. En esto debe haber un cambio”.

¿Ley de CC?

“Para que haya cambios reales que den efectos, se requiere un elemento normativo ordenador. Un buen ejemplo es lo que pasó con el uso del chaleco reflectante obligatorio para los conductores. O la obligación de usar sillas de seguridad para los niños en los vehículos, o la restricción de fumar en lugares públicos. Este es un país legalista. Seguramente hay empresas que van a hacer las cosas bien y proactivamente, pero muchas otras no lo harán. Las leyes son justamente para aquellas que no se quieren mover de dónde están”, alertó una asistente.

Matizando esta postura, otro invitado planteó: “la maduración de estos procesos es importante. ¿Qué pasa si se filtrara que una de las normas posibles es que se va a poner restricciones al consumo de carnes o al uso de uno u otro combustible? Hay quienes podrían sentir que son restricciones a la libertad individual y hacer fracasar antes de tiempo una iniciativa que podría tener aspectos positivos. Cuando las discusiones a nivel de la sociedad están muy verdes, apurar una Ley puede ser contraproducente”.

Desde otra arista, se discutió sobre cómo potenciar el liderazgo en el proceso de gestión del cambio climático: “Por Ley, los temas de cambio climático se asocian a una problemática ambiental, pero los efectos son transversales. Este fenómeno impacta el empleo, la productividad, nuestro PIB potencial, el crecimiento a largo plazo. Son temas estructurales para nuestro desarrollo y está reducido a una estrategia ambiental.  Creo que eso le resta fuerza”.

Esfuerzo público-privado

“Esta tarea requiere que se haga un ejercicio participativo amplio con la concurrencia de los sectores público, privado y la sociedad civil, tal como se hizo para la generación de la Política Energética Nacional”.

“Es notable lo que hizo Energía. En un escenario adverso, con un mercado concentrado, precios de la energía altos, matriz de generación muy sucia y sequía prolongada; pese a todo eso, se logró avanzar con una hoja de ruta a largo plazo, arrastrando a otros sectores. Es un buen ejemplo para seguir”.

“Cómo nos vemos hacia el 2030 o al 2050, ¿ganaremos medalla de oro? Para respondernos eso creo que no es conveniente perder la perspectiva global, hay que ver que las emisiones GEI están aumentando en un medio punto porcentual por año. Tenemos un problema y decir que Chile no es importante porque aporta 0,5% es un error porque, que yo sepa, nadie se puede ir del planeta todavía. Estoy convencido de que esto abre una oportunidad muy interesante de desarrollo para países como Chile. La inteligencia es saber leer este desafío y sus posibilidades, y eso deben hacerlo tanto el sector público como el privado y canalizar inversiones sustentables que apunten a reducir o, incluso, capturar emisiones”, remarcó uno de los asistentes.