Cambio Climático y Energía

¿Qué es el cambio climático?

Es el cambio en el clima, atribuido directa o indirectamente a actividades humanas que alteran la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables.” Fuente: Convención de Cambio Climático

¿Qué es el efecto invernadero?

El efecto invernadero es un fenómeno natural, innato de nuestro planeta, que permite que exista la vida en él. Se denomina de ese modo porque su funcionamiento es como el de un invernadero: la radiación solar que atraviesa nuestra atmósfera (capa plástica de un invernadero) y alcanza la superficie terrestre, es reemitida por la Tierra hacia el espacio en forma de radiación infrarroja. Sin embargo, no toda esta energía en forma de calor se pierde, ya que una parte es absorbida por una capa de gases (de efecto invernadero), lo que permite que la Tierra tenga una temperatura aceptable y que facilita el desarrollo de vida en ella.

Si no existiera una capa de gases en nuestra atmósfera, la radiación solar prácticamente no sería absorbida por la Tierra y, por tanto, el mundo tendría una temperatura promedio de alrededor de -18 °C, lo que supondría una barrera para la existencia de vida como la conocemos (ver figura).

En un escenario actual, en el que diversas actividades humanas han contribuido a aumentar la concentración de estos gases en la atmósfera por sobre los valores de la era preindustrial, existe incluso una menor pérdida de calor hacia el espacio, lo cual incide en que la temperatura de la superficie terrestre aumente progresivamente. Mediciones recientes indican un aumento de 1,1 °C en los últimos 10 años, fenómenos que amenaza con perturbar el equilibrio energético del sistema atmósfera-Tierra. Si esta situación no es revertida, todo indica que a fines del siglo XXI esta concentración de gases será aún mayor, y las consecuencias de ello serán irreversibles.

Esquema del efecto invernadero:

 

Gases causantes del efecto invernadero

Por “gases de efecto invernadero” (GEI) se entiende aquellos componentes gaseosos de la atmósfera, tanto naturales como antropógenos, que absorben y reemiten radiación infrarroja. Fuente: Convención de Cambio Climático. Los GEI naturales son el vapor de agua (H2O), el dióxido de carbono (CO2), el óxido nitroso (N2O), el metano (CH4) y el ozono (O3), y son conocidos como los gases de efecto invernadero primarios de la atmósfera terrestre. Además, ésta contiene cierta concentración de GEI cuyo origen es enteramente antropogénico, como los halocarbonos u otras sustancias que contienen cloro y bromo. Entre éstos, se encuentran el hexafluoruro de azufre (SF6), los hidrofluorocarbonos (HFC) y los perfluorocarbonos (PFC). Fuente: Panel Intergubernamental de  Cambio Climático.

Diagrama de gases:

 

Potencial de calentamiento global (PCG)

Se define como el efecto de calentamiento integrado a lo largo del tiempo que produce hoy una liberación instantánea de 1kg de un gas de efecto invernadero, en comparación con el causado por el CO2 (a este, por convención, se le asigna el valor de 1). De esta forma, se pueden tener en cuenta los efectos radiativos de cada gas, así como sus diferentes periodos de permanencia en la atmósfera. Fuente: Greenfacts.org.

 

Forzamiento radiativo

Es una perturbación del balance de energía del sistema Tierra-atmósfera (en W/m2) que se produce, por ejemplo, a raíz de un cambio en la concentración de dióxido de carbono o en la energía emitida por el Sol; el sistema climático responde al forzamiento radiativo de manera que se restablezca el balance de energía. Un forzamiento radiativo tiende, si es positivo, a calentar la superficie y, si es negativo, a enfriarla. Suele expresarse como un valor medio mundial y anual.

Posibles causas de forzamiento radiativo son cambios en la radiación solar o los efectos de los cambios en las cantidades emitidas de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Fuente: Panel Intergubernamental de Cambio Climático.

Forzamiento radiativo (FR) medio mundial y su intervalo de probabilidad de un 90% en 2005 para varios agentes y mecanismos. Todos estos forzamientos radiativos ocurren debido a uno o más factores que afectan el clima y se asocian a actividades humanas o procesos naturales. Fuente: Panel Intergubernamental de Cambio Climático.

Mitigación y adaptación al cambio climático

Actividades humanas que generan GEI

Las actividades humanas contribuyen al cambio climático. Provocan cambios en la atmósfera terrestre en cuanto a las cantidades de gases de efecto invernadero, aerosoles (partículas pequeñas) y nubosidad. La mayor contribución conocida proviene de la combustión de combustibles fósiles, que libera dióxido de carbono a la atmósfera.

Las actividades humanas traen como consecuencia la emisión de cuatro gases de efecto invernadero principales: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), y los halocarbonos (grupo de gases que contienen flúor, cloro y bromo), que provocan cambios significativos en los gases de larga vida, el ozono, el vapor de agua, el albedo de la superficie, los aerosoles y las estelas de condensación.

Los gases de efecto invernadero y los aerosoles afectan al clima, al alterar la radiación solar entrante y la radiación (térmica) infrarroja saliente, que forman parte del equilibrio energético de la Tierra. La variación de la abundancia de la atmósfera o las propiedades de estos gases y partículas puede conducir a un calentamiento o enfriamiento del sistema climático. Fuente: Panel Intergubernamental de Cambio Climático.

 

¿Qué se entiende por mitigación del cambio climático?

Es la intervención antropogénica para reducir las fuentes o mejorar los sumideros de gases de efecto invernadero. Si bien determinadas políticas sociales, económicas y tecnológicas podrían producir una reducción de las emisiones, en materia de cambio climático, la mitigación implica implementar políticas que permitan reducir las emisiones y mejorar los sumideros de gases de efecto invernadero. Fuente: Panel Intergubernamental de Cambio Climático. Fuente II: Glosario IPCC.

 

¿Qué es la adaptación al cambio climático?

Es el ajuste de los sistemas humanos o naturales frente a entornos nuevos o cambiantes. La adaptación al cambio climático se refiere a los ajustes en sistemas humanos o naturales como respuesta a estímulos climáticos proyectados o reales, o sus efectos, que pueden moderar el daño o aprovechar sus aspectos beneficiosos. Fuente: Panel Intergubernamental de Cambio Climático.

La respuesta internacional al cambio climático

A la fecha existen tres instrumentos internacionales legalmente vinculantes, que promueven acciones de los países para enfrentar el cambio climático. Estos son la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Protocolo de Kioto, y el más reciente Acuerdo de París. En esta sección se aborda también el Acuerdo de Copenhague de 2009, que si bien no está vigente, gran parte de su articulado ha sido considerado en la elaboración del Acuerdo de París.

Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)

La CMNUCC entró en vigor el 21 de marzo de 1994. Hoy su membresía es casi universal: los 197 países que han ratificado la Convención son llamados Partes en la Convención. Este instrumento, el primero en la línea de instrumentos vinculantes en cambio climático, surge por la alerta dada en la comunidad científica a fines de la década de 1980 que indicaba un aumento de la temperatura global promedio de la atmósfera, pero de cuyas causas aún no existía certeza.

Es una “Convención de Río”, una de las tres adoptadas en la “Cumbre de la Tierra de Río” en 1992. Sus convenciones hermanas de Río son la Convención de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y la Convención de Lucha contra la Desertificación, con una vinculación intrínseca entre las tres. En este contexto, se creó el Grupo de enlace conjunto para impulsar la cooperación entre los tres convenios, con el objetivo último de desarrollar sinergias en sus actividades sobre asuntos de interés mutuo. Ahora también incorpora la Convención de Ramsar sobre los Humedales de Importancia Internacional.

Prevenir la interferencia humana con el sistema climático es el objetivo final de la CMNUCC, y contiene tres principios fundamentales: principio precautorio (i.e., adelantar acciones a pesar de existir incerteza científica en torno al problema); el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas entre las partes, que explicita una diferenciación de acciones entre el mundo industrializado y aquél en desarrollo; y el principio de apoyar al desarrollo sostenible en cada nación parte de esta Convención.

Asimismo, establece una meta de reducción de emisiones para los países desarrollados, los que tienen que alcanzar (regresar a), en el año 2000 y mediante esfuerzos primariamente domésticos, a los niveles que cada uno emitía en el año 1990.

Este instrumento es explícito en cuanto al apoyo que deberán proveer a los países en desarrollo para que éstos puedan cumplir con sus compromisos bajo la Convención, que están básicamente orientados a desarrollar un inventario de emisiones de GEI con año base 1994, y evaluar opciones de mitigación y de adaptación siempre y cuando reciban ayuda internacional. Esta información será contenida en las llamadas “comunicaciones nacionales” que, con el correr de los años, se han transformado en una actividad más periódica a ejecutar para el mundo en desarrollo. Chile, por ejemplo, ya presentó su tercera comunicación nacional.

Ver estos y otros documentos en http://portal.mma.gob.cl/cambio-climatico/. Fuente: Adaptación en base a Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

 

Protocolo de Kioto

Adoptado en Kioto, Japón, el 11 de diciembre de 1997, con entrada en vigor el 16 de febrero de 2005. Es un acuerdo internacional vinculado a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que compromete a sus Partes mediante el establecimiento de objetivos de reducción de emisiones internacionalmente vinculantes. Reconociendo que los países desarrollados son los principales responsables de los actuales niveles elevados de emisiones de GEI en la atmósfera como resultado de más de 150 años de actividad industrial, el Protocolo impone una carga más exigente a las naciones desarrolladas bajo el principio de “responsabilidades comunes, pero diferenciadas”. Fuente: Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

El Protocolo surge como resultado de la Primera Conferencia de las Partes de la Convención, desarrollada en Berlín en el año 1995, ocasión en la que los propios países desarrollados señalaron la imposibilidad de cumplir con las metas de reducción establecidas para el año 2000. La preocupación general fue, entonces, el motor impulsor de este nuevo instrumento, basada en la búsqueda de mayor precisión y exigencia con las metas de reducción de los países desarrollados, pero que, a su vez, incorporase más mecanismos de flexibilidad en el cumplimiento de estas nuevas metas.

Para ello, el Protocolo adopta un nuevo hito de cumplimiento, un período de cuatro años (2008-2012), metas individuales por país desarrollados que, en conjunto, llevarán a una reducción de un 5% bajo los niveles de cada país en 1990, y establece tres instrumentos de flexibilidad: el primero, asociado a la transacción de permisos de emisión; el segundo, que permite la participación de países en desarrollo en la mitigación a través de proyectos específicos (el llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio); y el tercero, el mecanismo de implementación conjunta, nuevamente entre partes desarrolladas, pero en este caso a través de proyectos de reducción de emisiones.

A diferencia de la Convención, el Protocolo de Kioto estableció sanciones a los países desarrollados (PD) por no cumplimiento. Los países en desarrollo (PeD) no poseen compromisos de reducción bajo este instrumento, y sólo se comprometen a seguir cumpliendo con la Convención.

 

 

Acuerdo de París

El Acuerdo de París se basa en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Por primera vez convoca a todas las naciones en una causa común para emprender esfuerzos ambiciosos para combatir el cambio climático y adaptarse a sus efectos, con un mayor apoyo para ayudar a los países en desarrollo a hacerlo.

El Acuerdo de París se basa en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Es un acuerdo sin precedentes desde que se adoptara el Protocolo de Kioto: Por primera vez convoca a todas las naciones en una causa común para emprender esfuerzos ambiciosos para combatir el cambio climático y adaptarse a sus efectos, con un mayor apoyo para ayudar a los países en desarrollo a hacerlo.

El objetivo central del Acuerdo de París es fortalecer la respuesta global a la amenaza del cambio climático, manteniendo un aumento de la temperatura global de este siglo muy por debajo de los 2 °C por encima de los niveles preindustriales, y potenciar los esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura incluso a 1,5 °C. A diferencia del Acuerdo de Copenhague, es un tratado legalmente vinculante que, además, logró comprometer a todos los estados parte a tomar medidas contra el calentamiento global. A pesar de no ser punitivo, obliga a todos los estados a medir e informar sobre sus avances en la materia, estableciendo un incentivo para que los gobiernos cumplan con sus compromisos.

Entró en vigor a nivel mundial el 4 de noviembre de 2016 y fue ratificado por el Congreso de Chile el 25 de enero de 2017.

En materia de mitigación, el Acuerdo de París propone alcanzar el máximo de emisiones lo antes posible, y rápidas reducciones para lograr cero emisiones netas en la segunda mitad de siglo. Por otro lado, en cuando a adaptación el Acuerdo plantea incrementar la capacidad adaptativa, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad al cambio climático. Para alcanzar estos objetivos se establecen flujos financieros apropiados, un nuevo marco tecnológico y un marco mejorado de creación de capacidad, apoyando así la acción de los países en desarrollo y los países más vulnerables, de conformidad con sus propios objetivos nacionales. El Acuerdo también prevé una mayor transparencia de la acción y el apoyo mediante un marco de transparencia más sólido. Fuente: Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

 

Compromisos de Chile bajo el Acuerdo de Copenhague y Acuerdo de París

Pre-2020: Acuerdo de Copenhague

En 2009, en el marco del Acuerdo de Copenhague, Chile y otras naciones en desarrollo asumieron compromisos voluntarios en torno a la reducción de GEI hasta 2020. Un hito, considerando que solo los países desarrollados, principales responsables de la emisión de gases de efecto invernadero, habían asumido compromisos de reducción.

El Acuerdo contemplaba que todas las naciones definieran publicaran sus contribuciones nacionales determinadas, constatando los compromisos que estaban dispuestas a asumir. En tanto, el objetivo del Acuerdo es lograr que, entre todas las contribuciones, se alcance una reducción global de las emisiones de GEI que permita mantener el calentamiento global por debajo de los 2° C al 2100 respecto a los niveles pre-industriales.

En este contexto, Chile se comprometió a reducir sus emisiones de GEI en un 30% por unidad de PIB respecto a niveles de 2007, con la posibilidad de aumentar la ambición de reducción a 35 y el 45%, sujeto a financiamiento internacional.

Sin embargo, el Acuerdo de Copenhague no fue ratificado por todos los países asistentes y, además, no tuvo carácter vinculante, por lo que quienes lo suscribían no tenían obligación legal de cumplirlo.

 

Post-2020: Contribución nacional

El Acuerdo de París, a diferencia del de Copenhague, es un tratado legalmente vinculante, que además logró comprometer a todos los estados parte a tomar medidas contra el calentamiento global. A pesar de no ser punitivo, obliga a todos los estados a medir e informar sobre sus avances en la materia, estableciendo un incentivo para que los gobiernos cumplan con sus compromisos.

Entró en vigor el 4 de noviembre de 2016 y fue ratificado por el Congreso de Chile el 25 de enero de 2017. Su objetivo central es limitar el aumento de temperatura del planeta por debajo de 2 °C, e incluso por debajo de los 1,5 °C, con respecto al nivel pre-industrial.

En materia de mitigación, el Acuerdo de París propone alcanzar el máximo de emisiones lo antes posible, y rápidas reducciones para lograr cero emisiones netas en la segunda mitad de siglo. En cuando a adaptación, por su parte, el Acuerdo plantea incrementar la capacidad adaptativa, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad al cambio climático.

En este contexto, y tras la ratificación en el Congreso, Chile se comprometió a reducir sus emisiones de GEI por unidad de PIB en un 30% al año 2030 con respecto al nivel del 2007, y a subir la ambición a entre 35% a 45% al 2030 condicionado a la obtención de donaciones monetarias internacionales. La meta considera todos los sectores emisores del país, excepto el sector forestal.

Emisiones del sector energía

En el mundo

La urgencia con la que los países están actuando para cumplir con sus compromisos de mitigación reside, en parte, en el hecho de que las emisiones de GEI se han incrementado progresivamente desde la era preindustrial, con un aumento de un 70% entre 1970 y 2004. El sector desde el cual provino el mayor incremento es el de suministro energético, con un 145% de aumento durante el periodo señalado. Fuente: Panel Intergubernamental de Cambio Climático.

Los gráficos a continuación dan cuenta del total de emisiones de GEI al 2010, además de la distribución de estas emisiones según sector.

 

 

Distribución de las emisiones totales de GEI en 2010 en cinco sectores económicos: Suministro de energía; Transporte; Edificios; Industria; y Agricultura, Silvicultura y Otros Usos del Suelo (AFOLU). Panel Intergubernamental de Cambio Climático.

 

 

Emisiones de gases de efecto invernadero medidas en gigatoneladas de CO2 por año en 1970, 1990 y 2010 en cinco sectores económicos: Suministro de energía; Transporte; Edificios; Industria; y Agricultura, Silvicultura y Otros Usos del Suelo (AFOLU). Panel Intergubernamental de Cambio Climático.

 

En Chile

Las emisiones de GEI totales del país (excluyendo las fuentes de emisiones y sumideros de absorción de la silvicultura y otros usos de la tierra [FOLU] del sector AFOLU, pero incluyendo las fuentes de emisión de GEI de la Agricultura), contabilizaron 109.908,8 Gg CO2 eq en 2013, incrementándose en un 113,4 % desde 1990 y en un 19,3 % desde 2010. (Ver tabla).

 

 

Respecto a las emisiones de GEI totales por sector, el sector Energía representó un 77,4 %, seguido del sector Agricultura (12,5 %), del sector IPPU (6,0 %), y finalmente del sector Residuos (4,1 %).

La tendencia de las emisiones y absorciones del país por cada GEI varía según se incluyan o no las fuentes y los sumideros de la silvicultura y otros usos de la tierra (FOLU), ya que su inclusión genera un balance entre emisiones y absorciones de GEI, especialmente del CO2 (Ver tabla).

 

 

Acciones desde el Ministerio de Energía

Política Energía 2050

Para alcanzar las metas de desarrollo económico y social que Chile se ha propuesto, es indispensable asegurar el suministro energético futuro en concordancia con las exigencias que la sociedad impone a este sector. La participación ciudadana es un principio fundamental para tener una política de largo plazo que represente a todos los chilenos y, consecuentemente, todos los actores de la sociedad están llamados a ser parte del proceso de definición y validación de la visión energética del país.

La “Agenda de Energía”, presentada en mayo de 2014 por Michelle Bachelet como una hoja de ruta para el desarrollo de las acciones del Gobierno en esta materia, estableció como una de sus tareas “diseñar y ejecutar una Política Energética de largo plazo que contara con validación social, política y técnica”.

De esta forma, y en el marco de dicha Agenda, se desarrolló un proceso de discusión convocante que incluyó a actores relevantes del sector público, la industria, la academia, la sociedad civil, las regiones y la ciudadanía en general, con miras a obtener, como resultado final, la “Política Energética” de largo plazo del país.

Se constituyó un Consejo Consultivo, liderado por el ministro de Energía e integrado por actores clave del sector, con representación nacional y regional, provenientes de varios ministerios e instituciones públicas, de gremios, de la sociedad civil y de universidades nacionales. Se realizaron mesas técnicas con participación de cerca de 3500 personas, 150 reuniones de grupos de trabajo, eventos deliberativos y talleres regionales con cientos de asistentes.

Todo el proceso de construcción de esta política fue acompañado por una Evaluación Ambiental Estratégica, siendo la primera vez que se aplica a una política tan importante como la que aquí se describe.

Energía 2050

La Política Energética de Chile, “Energía 2050”, fue publicada el 30 de diciembre de 2015. Propone una visión del sector energético al año 2050 que corresponde a un sector confiable, sostenible, inclusivo y competitivo, con el fin de avanzar hacia una energía sustentable en todas sus dimensiones.

Para alcanzar esta visión al 2050, la Política Energética propone cuatro pilares fundamentales que sostienen la visión de largo plazo, permitiendo definir metas y planes de acción del Estado, el sector privado y los ciudadanos:

Confiabilidad

Inclusividad

Competitividad

Sostenibilidad


Sobre estas bases deben desarrollarse las diversas medidas y planes de acción planteados hasta el año 2050.

Plan de Mitigación

El Plan de Mitigación de Gases de Efecto Invernadero (GEI) del sector Energía, el primero de su tipo en Chile, es un esfuerzo conjunto del Ministerio del Medio Ambiente y del Ministerio de Energía para enfrentar el cambio climático.

El Plan se enmarca en los compromisos adquiridos por Chile a nivel internacional para hacer frente a los efectos del cambio climático y en coherencia con las metas que plantea la Política Energética Nacional al 2050. A disposición de la ciudadanía para su Consulta Pública desde el 14 de marzo al 15 de abril del presente año, el Plan fue elaborado con el fin de contribuir a los objetivos de mitigación del país, a lo establecido en el Plan de Acción Nacional de Cambio Climático (PANCC) y a las metas de la Política Energética Nacional. El documento plantea medidas y plazos concretos para cada sub sector, y una valoración económica de los costos asociados y de la contribución a la disminución de emisiones.

El Plan de Mitigación estuvo abierto para consulta pública desde el 14 de marzo al 15 de abril de 2017.

Para más información y material relacionado al Plan de Mitigación, visite la sección Proyectos Relacionados.

 

Plan de Adaptación

El plan nacional de adaptación al cambio climático, aprobado por el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad y el Cambio Climático el 1 de diciembre de 2014, es una de las metas establecidas en el plan de acción nacional sobre cambio climático 2008-2012 (PANCC). Es el instrumento articulador a partir del cual se definirá la política pública de adaptación frente a los efectos del cambio climático en el largo plazo.

Este plan entrega el marco conceptual y los lineamientos para la adaptación en Chile, y articula los planes sectoriales de adaptación que fueron comprometidos en el plan nacional de adaptación al cambio climático, para los sectores definidos como prioritarios; sector silvoagropecuario, biodiversidad, pesca, salud, infraestructura, recursos hídricos, sector energía, ciudades y el sector turismo. Se espera que el plan nacional proporcione la estructura institucional a través de la cual se coordine y se dé coherencia a las acciones de los diferentes sectores, localidades y regiones, considerando que la adaptación puede llevarse a cabo a nivel de un sector específico, a nivel multisectorial, a nivel regional o de manera transversal o nacional.

 

Instrumentos de precios al carbono

Con el propósito de contribuir y apoyar el cumplimiento de los compromisos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, diversos países han desarrollado e implementado instrumentos de precio al carbono.

Hoy, Chile cuenta con un impuesto a las emisiones de CO2, principal responsable del cambio climático. El impuesto al carbono fija directamente un precio sobre las emisiones de ciertos gases de efecto invernadero, como el CO2, o sobre el contenido de carbono de los combustibles fósiles utilizados por las fuentes emisoras que éste regula. Mediante un impuesto al carbono, la autoridad no establece un límite a las emisiones de gases de efecto invernadero, pero sí un cobro a éstas por medio de una tasa impositiva.

A través del proyecto Precio al Carbono Chile, nuestro país se encuentra evaluando opciones, escenarios y propuestas concretas para construir un sistema más integral de instrumentos de precio al carbono, que complemente el actual impuesto vigente.

 

Otras iniciativas desde el Ministerio de Energía

El proyecto Precio al Carbono Chile reside en la División de Desarrollo Sustentable, división desde la cual el Ministerio de Energía está impulsando sus esfuerzos en materia de gestión de cambio climático, en alianza con otras reparticiones públicas y con respaldo internacional. Tanto el Plan de Mitigación del Sector Energía como también el Plan de Adaptación para el Cambio Climático son también parte de esta área, reflejo del trabajo riguroso que está efectuando Chile para cumplir los compromisos que adoptó en el contexto del Acuerdo de París.

Chile es también líder en energías renovables. El país recibe la radiación solar más alta del mundo, tiene un potencial de desarrollo de energía eólica y de energía marina comparativamente ventajoso, capacidad de desarrollo de biogás y un recurso geotérmico a lo largo de la cordillera de Los Andes. En este escenario, el Ministerio de Energía dispone de una División de Energías Renovables, encargada de desarrollar políticas del sector, fomentando los mercados de energías renovables.

Además de los compromisos del país en materia de cambio climático, Chile también se ha propuesto objetivos y metas en términos de eficiencia energética, que toma en consideración el progresivo crecimiento en el consumo de energía. Chile se ha propuesto una meta de ahorro de 20% al año 2025, apuntando a un ahorro total de 20.000 GWh al año. Para tales propósitos, el trabajo de desarrollar políticas, planes, líneas de acción y estándares de eficiencia energética es la División de Eficiencia Energética.